Vivir con casi nada


Para las personas que me conocen bien, saben que yo soy diseñadora nata. Es decir, Dios me dio ese don y desde chiquita me encantaba ver revistas de decoración y hacer combinaciones de colores y texturas con lo que tuviera a la mano. No necesitaba ir a buscar o comprar cosas, siempre lo hacía con lo que tenía a la mano y como por arte de magia las combinaciones y las ubicaciones que le daba a las cosas quedaban super bien.


Luego lo hice profesionalmente, estudié mi carrera universitaria en diseño gráfico y trabajé con una de las mejores empresas de El Salvador que tiene un área de negocios relacionada con la decoración y eso me ayudó mucho a pulir mi gusto por el diseño de interiores. Realmente el diseño ha sido mi pasión, me encanta crear ambientes visualmente lindos, combinar colores, texturas, tipografías, etc.


Para mí siempre ha sido importante que el lugar donde yo viva sea agradable, bien decorado, que esté de acuerdo a las últimas tendencias, combinar colores según las temporadas y según las paletas de moda del año. Y que siempre me digan: “Tu casa parece de revista!” Con eso yo era feliz.


Debido a una oferta de trabajo que le dieron mi esposo tuvimos la oportunidad de emigrar a Suecia y creo que allí comenzó verdaderamente Dios a trabajar en mí. Mientras estaba en El Salvador a pesar de ser activa en la Iglesia, me desviaba rápidamente y me distraía dedicándole mucho tiempo a mi vida social y no me enfocaba realmente en lo que debía de ser prioridad para mí y en lo que debía de ser el centro de mi vida: Mi relación con Dios.


Suecia es un país hermoso y con miles de oportunidades, pero la mentalidad sueca no es la mentalidad americana ¡y menos la mentalidad latina!. Encontrar un lugar estable donde vivir es casi un milagro, sin el casi, es un MILAGRO! Como todos los que emigramos a Suecia y como los mismos suecos lo hacen, cambiar de apartamento cada 3 o 6 meses es super común y natural. Pero para mí eso no es normal, y no poder tener mi apartamento propio, con mis cosas y ponerlas y decorarlas a mi manera realmente ha sido una purificación.


Pero Dios es un papá amoroso y paciente y me ha ido llevando por un proceso de despojo día con día, paso a paso, tan pacientemente que ni cuenta me di en qué momento era feliz sin tener nada (materialmente hablando). ¡Y realmente soy feliz! Tengo una familia maravillosa, un esposo super héroe, el mejor de todos (es Superman), unos hijos buenos, estudiosos y entregados a las cosas de Dios y tengo además el mejor trabajo del mundo: organizo peregrinaciones a Medjugorje. Dios en Su infinito Amor sabe que un lugar lindo donde vivir es importante para mi, y gracias a la intercesión de mi amado San José ¡conseguimos nuestro apartamento propio!. El apartamento perfecto y en el lugar perfecto, pero sobre todo que yo podía decorar y ponerlo a mi gusto. ¡Y lo hice! pero ahora después de todo el proceso pasado he aprendido a hacerlo de una manera diferente: hacerlo con paciencia y sin prisas, (que es otra de las cosas que no podía controlar, ¡todo lo tenía que tener ya!).


Hoy estoy en Medjugorje por un período largo, estoy en un apartamento como ya les he comentado anteriormente, donde puedo ver el Monte de las Apariciones desde mi terraza. No es el apartamento mejor decorado, ¡Para nada! o el que tenga las mejores cosas. Es más... no tiene casi nada. Me toca hacer milagros para rebuscarme como solventar las cosas del día a día, pero no puedo ser más feliz. Creo sin dudarlo que el proceso por el que Dios me ha llevado hasta ahora era para darme este REGALO de estar viviendo aquí. ¡¡¡Pasaría mil veces y feliz ese proceso nuevamente entonces!!!.


Definitivamente Dios es un papá consentidor y sabe como llevarte a descubrirlo, está en lo sencillo, en lo humilde, en lo que no te distrae, donde puedes ver su mano proveedora y no dudas que es Él quien te sostiene.

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