María, la madre hacendosa

Escrito por una de nuestras peregrinas del retiro de sanación


A menudo, por medio de la Pastoral de la Salud de mi parroquia, tengo la oportunidad de visitar muchos hogares de hermanitos que adolecen toda clase de enfermedades y donde la pobreza y la necesidad son los acompañantes cotidianos.


Sin embargo, en esos hogares, está siempre esa esposa y esa madre que aun enferma, constituye el motor y la esperanza de la familia. Gracias a ella, aun en condiciones precarias, sus casas están siempre ordenadas, aseaditas, llenas macetitas con flores…se respira tranquilidad aun cuando ha llegado la prueba.


He visto como esas mamás, dentro de la dificultad, buscan siempre ayudar a sus hijitos en las tareas escolares, dando consejos, preparando sus comidas, aseándolos y en todo lo que constituye el día a días de ser madres. Pero además, se han tomado la tarea más importante: los han bautizado, llevado a la catequesis para Primera Comunión, los han Confirmado, los llevan a misa, rezan el Rosario…en fin!... su trabajo es grande!


Reflexionando sobre esos casos me dije:

_!Yo conozco una Madre mucho más trabajadora, oficiosa y amorosa! ¡Y me ha invitado a su casa! ¡ En Medjugorje!


Y soy testigo de que esa Madre no descansa! Va y viene! Por toda la casa! Dándonos consejos, acercándonos a los sacramentos, conduciéndonos por el y hacia el Buen Camino, poniéndonos límites (ayuno) por nuestro bien, hablándonos con dulces palabras, pidiéndonos el rezo del Rosario…en fin… ella no para! Ha construido para todos sus hijos un lugar de paz y tranquilidad.


¿Pero, por qué es tan hacendosa?, y ¿Por qué ha querido invitarme a su casa?


Ambas respuestas se resumen en esta palabra: misión, pues ella como Madre, ha querido cooperar con su Hijo en la Salvación del mundo entero. Su deseo es acercarnos a su amadísimo Jesús. Y en lo que a nosotros corresponde, en su maravillosa sabiduría y humildad, nos invita a colaborar y ser parte de esa tarea: _”Yo necesito de vosotros”, dijo la Virgen a los niños en sus iniciales apariciones.


Dice el padre Jozo en su libro: He ahí a tu Madre, “Es un grave error de nuestro pueblo pensar: Dios lo hará…sin embargo, el Señor necesitó de doce apóstoles para distribuir el alimento: ‘Dadles vosotros de comer’ (Mc 6, 37) Y Ella, la Santa Virgen dijo: ‘No puedo sin vosotros’ ”.


Entonces, invitados a Medjugorje tenemos trabajo: hemos sido elegidos como instrumentos de transmisión de los mensajes, pues Ella, como madre, conoce los dones, carismas y medios con los que contamos para que los pongamos a disposición de esta empresa de salvación. Ayudémosle, seamos hijos obedientes y agradecidos con la Dulce Madre, pues “La verdadera peregrinación comienza al volver a casa”, dice Jakov Colo, el más joven de los videntes.

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